Mi historia con Cesar

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Mi historia con Cesar

No había cerrado la maleta cuando sonó el timbre del portal, Cesar me demandaba y cuando llegué a la calle tomó con presteza mi equipaje acomodándolo en el maletero del pequeño utilitario al paso que me solicitaba que ocupara mi asiento. Partimos de manera inmediata en un viaje que resulto entretenido y divertido especialmente por el hecho de que me dijo la razón de la invitación. Sorprendentemente no era solo para joder conmigo, o al menos ese no era la meta prioritario. Había conocido a una chiquita del pueblo y había empezado una relación que se dificultaba con la distancia. Al invitarme, podría ir el día ya antes y sobre todo y no menos importante, no tendría que justificar el repentino interés por pasar los fines de semana en el pueblo, algo que siempre y en todo momento había detestado y le había supuesto frecuentes discusiones con sus padres. También que teníamos pendiente la una parte del regalo de cumpleaños de culear al aire libre. Y es que lo que no puedan 2 tetas no lo puede otra fuerza humana, salvo las 4 de este caso.

 

Al llegar, ya prácticamente anochecido, pasamos por el supermercado para hacer unas compras mínimas, al día después sus padres llegarían con lo preciso. Cogimos algo para desayunar y unas pizzas, de esas refrigeradas, para cenar.

 

Llegamos a la casita y nos acomodamos, dejamos los equipajes en las respectivas habitaciones, la mía la de la ocasión anterior. La cama chirriaba como jamás. Me puse algo ligero, hacía calor, una camiseta amplia y un pantalón tipo playero, me calcé unas bailarinas y bajé a la cocina donde me esperaba Cesar que al verme entrar silbó con admiración. Noté como los pezones se me ponían duros.

 

Cenamos las pizzas sentados en la terraza del jardín mientras que la noche llegaba claramente. Cesar me recordó su deseo de culear en el campo, al aire libre. La pizza no tiene carácter afrodisíaco conque ese no fue el motivo para el cosquilleo que se empezaba entre mis piernas. Le recordé que debíamos sostener la más aprensiva de las discreciones.

 

―Cielo, me agradaría mucho hacer el amor contigo al aire libre pero he de ser reservada, no quisiese que nos viese absolutamente nadie, no deseo que ni tan siquiera lleguen a sospechar.

 

―¿No deseas que absolutamente nadie sepa que te culea el hijo de tu mejor amiga?

 

―No cielo, no quiero que nadie sepa con quien culeo. Ni tan siquiera quiero que sepan que culeo, ni que lo piensen.

 

―Sabes que siempre y en todo momento te guardaré el secreto y que nunca, jamás, nadie sabrá lo mucho que disfruto culeando contigo ―dijo pasando su brazo sobre mis hombros y atrayéndome hacia si me besó en la mejilla para añadir―¿Si te llevo a un sitio tranquilo y solitario …?

 

No le deje seguir, le abracé apretando mis pechos contra su cuerpo y después de besarle en la boca le dije ―¡culeame, culeame cielo! en un lugar tranquilo donde podamos corrernos hasta el momento en que no podamos más.

 

Tomamos el vehículo y después de recorrer varios quilómetros por diferentes tipos de carreteras y caminos alcanzamos un pequeño bosquecillo donde dejamos el coche. Creí que aquel era el lugar elegido mas Cesar abrió la trasera del turismo, recogió una bolsa, me tomó de la mano y me llevó con él durante dos cientos de metros, por medio de un camino de tierra de esos que separan las fincas, hasta llegar a un campo de olivos. Cesar extendió esmeradamente una manta que extrajo de la bolsa que portaba, entonces nos abrazamos y nos besamos con una pasión que pocas veces tuvimos.

 

―¿Me desnudas? ―le solicité más que preguntarle.

 

La contestación fue quitarme la camiseta, lo mismo hizo con el pantaloncito y las braguitas, blancas, grandes, de algodón, como le agradan. Toda la ropa la dejó cuidadosamente doblada sobre la bolsa. Entonces me hizo respaldar la espalda sobre un grueso olivo y me comió la boca antes de bajar a las tetas que devoró con ansia. Poquito a poco, comiéndome a besos fue bajando hasta el clítoris, cada vez más hinchado de deseo. Aparté las piernas para dejarle sitio y dejé que el primero de los orgasmos de la noche se esparciera por mi cuerpo al apreciar la humedad cálida de su lengua en mi clítoris.

 

Cuando apreció que tras el orgasmo comenzaba a relajarme, me separó aún más las piernas y también procuró metérmela allá mismo, subida más que recostada en aquel retorcido olivo mas los intentos resultaron ineficaces, la impericia de los dos, mía asimismo nunca he culeado en un árbol, lo resbaladizo de la corteza y sobre todo la inconveniencia de las posturas intentadas me hicieron proponerle a Cesar usar la manta ya dispuesta ―¿Nos vamos a la manta cielo?

 

―Vamos ―asintió tras un beso y tirando de mi nos aproximamos a la manta sobre la que me tumbé boca arriba y aparté las piernas. Cesar se puso sobre mí y me dijo ―¿Deseas que te folle despacio?

 

―Muy despacito amor mío ― le contesté con el más sensual de mis susurros.

 

Se acomodó sobre mí y me la metió. Noté lo despacito que entraba, lo despacio que salía, lo despacio que volvía a entrar y volvía a salir, de este modo una y otra vez, despacito, conmigo entregada y dejándome invadir por esa dulce sensación de placer que nace en a entrepierna para invadirme entera. Pronto llegó el orgasmo, el primero de múltiples, lo gocé doblemente, al inmenso placer del sexo se unía la fantástica visión de un cielo totalmente cuajado de estrellas. No quise cerrar los ojos pues no quería perderme la increíble visión de un cielo como jamás había visto, mi Cesar había escogido el lugar correcto para nuestro primer polvo al aire libre. No podíamos tener mejor decoración para aquella noche.

 

Tuve varios orgasmos, cada quien mejor, con los ojos abiertos como platos para no perderme ni un solo parpadeo de la más minúscula de las estrellas. Al rato mi fantástico culeador, tensó el cuerpo, rugió como un león y se paralizó sobre mí, tenso como un arco presto al lanzamiento del dardo. Noté el semen inundarme.

 

Al relajarse me comió a besos la cara y al decirle que había sentido su semen, como la vez anterior, me dijo que se había reservado para dejarme dentro todo cuanto pudiese pues sabía que me gustaba.

Mi historia con Cesar